Ir al contenido principal

La vulgaridad teórica de Axel Kaiser en "El Economista Callejero"


El libro "El Economista Callejero" de Axel Kaiser constituye un ejemplo paradigmático de lo que Marx llamaba “economía vulgar”: un discurso que toma categorías de la economía, las simplifica al extremo y las utiliza como instrumentos ideológicos destinados a justificar el orden existente y explicar los fenómenos más superficiales de forma ad hoc y contradictoria. Kaiser presenta su texto como una guía “callejera”, de fácil acceso para el lector común, pero la aparente sencillez encubre una operación ideológica que convierte en dogma los lugares comunes del liberalismo y los ofrece como verdades universales. La vulgaridad aquí no se refiere solamente a la falta de rigor académico, sino también al carácter apologético y simplificador con que se abordan problemas que requieren análisis histórico, estructural y crítico.

En las primeras lecciones Kaiser establece la idea de que “trabajar es vivir” y que solo existen dos formas de sobrevivencia: mediante el trabajo propio o el trabajo ajeno, lo que le permite reducir todas las relaciones sociales a un esquema binario de esfuerzo individual frente a parasitismo estatal. Esta visión no solo ignora la complejidad del proceso de producción capitalista, donde el trabajo se organiza colectivamente bajo relaciones sociales específicas, sino que también borra la distinción fundamental que hace Marx entre trabajo creador de valor y formas de apropiación de plusvalor. Para Kaiser, quien recibe educación o salud por medio del Estado vive “del trabajo ajeno”, y la redistribución equivale a confiscación. Con ello se disfraza de lección económica lo que no es más que una caricatura del debate sobre el papel del Estado en la reproducción social. La vulgaridad consiste en naturalizar como dato obvio lo que en realidad es una relación histórica y política: el monopolio de la riqueza y de los medios de producción por una clase determinada: la capitalista, al vivir del plusvalor generado por la clase trabajadora, es decir, precisamente del trabajo ajeno.

La defensa obsesiva de la subjetividad del valor constituye otro pilar de su discurso. Kaiser convierte la teoría subjetiva del valor en una especie de dogma ahistórico que no requiere demostración, descalificando la teoría del valor-trabajo como “error intelectual” que habría conducido a la miseria del socialismo. Sin embargo, en su exposición se confunde deliberadamente el valor de uso, el precio de mercado y las fluctuaciones de la demanda con el concepto de valor como cristalización de trabajo socialmente necesario. Kaiser toma ejemplos pintorescos —Van Gogh, diamantes y botellas de agua en el desierto— para ilustrar la supuesta inconsistencia del enfoque marxiano, pero pasa por alto que Marx nunca sostuvo que el precio de una obra de arte deba medirse acorde a horas de trabajo homogéneo, sino que distinguió precisamente entre mercancías producidas en masa y bienes singulares, cuyo precio se asemeja más a los precios de monopolio, fruto de la relación casual entre oferta y demanda. La vulgaridad aquí es la simplificación de un aparato teórico complejo hasta reducirlo a un muñeco de paja, para luego demolerlo con ejemplos triviales.

En la misma línea, cuando Kaiser discute los salarios insiste en que estos no son fijados por el empleador, sino por la productividad y, en última instancia, por los consumidores. Esta afirmación, presentada como axioma, borra la relación de explotación que subyace al contrato laboral, la regulación del salario por los medios de subsistencia necesarios para reproducir al trabajador, y el hecho de que el aumento de la productividad del trabajo no tiene por qué ir de la mano con un aumento del salario (es más, este puede mantenerse o incluso disminuir). El salario aparece como un simple acuerdo voluntario donde ambas partes “lucran”, ignorando que la mercancía vendida —la fuerza de trabajo— tiene la peculiaridad de producir más valor del que cuesta reproducirla. La ganancia capitalista, que para Marx es la forma transformada del plusvalor, se disuelve en el relato vulgar de Kaiser como si se tratase de un simple premio al ingenio empresarial. De este modo, la violencia estructural de la relación capital-trabajo se encubre bajo la metáfora del “pescador innovador” que genera riqueza para toda la tribu, lo que equivale a un mito fundacional destinado a moralizar la desigualdad. 

La operación ideológica se completa con la demonización del Estado y de todo intento de redistribución. Kaiser repite hasta el cansancio que el Estado no produce riqueza sino que solo confisca, que los derechos sociales son “lucro unilateral” y que la inflación es siempre un robo encubierto. Con ello, se omite toda consideración histórica sobre el papel del Estado como garante de la reproducción del capital, cuyo gasto público impacta en la conformación de mercados, en la construcción de infraestructuras o en la reproducción de la fuerza de trabajo. La vulgaridad consiste en aislar los conceptos económicos de las mediaciones sociales que los hacen posibles: impuestos, moneda, crédito y gasto estatal se presentan como distorsiones externas al mercado, cuando en realidad son condiciones históricas de su funcionamiento. El resultado es un manual de propaganda donde la economía se convierte en moralina: trabajar duro y no esperar nada del Estado, salvo protección policial.

Desde la propia perspectiva del liberalismo clásico, la obra de Kaiser es vulgar, porque elimina matices y reduce toda la tradición de Smith, Ricardo (dos autores que son parte de su influencia, a pesar de que proponían una teoría objetiva del valor basada en el trabajo) o incluso Hayek a un catálogo de eslóganes. El “economista callejero” no analiza ni problematiza, sino que sermonea. Desde la perspectiva crítica de Marx, la vulgaridad es aún más profunda: Kaiser convierte en axiomas eternos las formas históricas del capitalismo, naturaliza la explotación como cooperación voluntaria y transforma la lucha de clases en fábula moral de cazadores y pescadores. Se trata, en definitiva, de un texto que no educa en economía, sino que refuerza prejuicios ideológicos bajo la máscara de sentido común.

El Economista Callejero no es un libro de economía, sino un panfleto vulgar que cumple la función de mistificar las relaciones sociales capitalistas y de presentarlas como leyes naturales inmutables. Su “simplicidad” no es virtud pedagógica, sino empobrecimiento teórico al servicio de la ideología. La economía se reduce aquí a refranes callejeros, al modo de un catecismo neoliberal, cuya función no es comprender la realidad sino hacerla tolerable para quienes padecen sus contradicciones. Esa es la verdadera vulgaridad de Kaiser: convertir la ciencia en dogma y el análisis en sermón, encubriendo con ejemplos triviales las tendencias y fenómenos que Marx reveló como verdades incómodas del capitalismo.

Comentarios

Entradas Populares

"Nazi-Comunismo", la última vulgaridad intelectual de Axel Kaiser.

El libro “Nazi-Comunismo” de Axel Kaiser se presenta como una operación ideológica bastante transparente: un intento de construir una genealogía común entre nazismo y marxismo que permita inscribir en un mismo paquete a toda forma de socialismo, comunismo, crítica al capital y también, de paso, a cualquier proyecto político que cuestione el orden liberal-capitalista. El índice basta para ver cómo se organiza este movimiento: cada capítulo asocia un rasgo supuestamente común entre nazismo y marxismo (“antirracionalismo”, “antiindividualismo”, “anticapitalismo”, “anticristianismo”, “antihumanismo”) y lo sobredimensiona hasta convertirlo en esencia compartida. El resultado es una narrativa en la que el marxismo pasa a ser un pariente cercano del nazismo, no solo en la práctica histórica sino ya en sus fundamentos filosóficos. Detrás de esta construcción aparece la intención de blindar ideológicamente el liberalismo, identificando a un doble enemigo totalitario que adopta máscaras distinta...

¿Es en realidad de derecha el Partido Comunista de Chile?

La verdad es que sí. La idea de que el Partido Comunista de Chile (PCCh) actúa hoy como un partido de derecha puede sonar paradójica si se la juzga únicamente por su nombre y por su historia de lucha contra la dictadura, pero se vuelve comprensible cuando se analiza su práctica política en el marco del capitalismo chileno contemporáneo. Lo que se observa es que el PCCh ha evolucionado desde una posición de confrontación con el orden burgués hacia una estrategia de integración institucional, donde su papel es sostener la gobernabilidad y apuntalar gobiernos que administran el mismo modelo económico heredado de la dictadura. Esto no significa que haya adoptado el ideario neoliberal de manera entusiasta, sino que ha aceptado operar dentro de sus límites, lo que lo coloca en la práctica del lado de la reproducción del orden existente. El punto de inflexión histórico se encuentra en la transición a la democracia liberal. Tras años de proscripción y represión, el PCCh decidió ab...

Lo “vulgar” según Marx y Engels en sus obras

(En la foto: Axel Kaiser, economista vulgar) Lo “vulgar” según Marx y Engels en sus obras: economía, filosofía, política y crítica de la ideología La palabra “vulgar” y sus derivados — vulgaridad, vulgarización, vulgarismo — aparecen con notable frecuencia en los escritos de Karl Marx y Friedrich Engels. Sin embargo, no se trata de un mero adjetivo despectivo usado para insultar o desacreditar sin más, sino que tiene un sentido teórico y crítico muy concreto. A lo largo de su extensa obra, ambos autores emplean la noción de “vulgar” para calificar fenómenos tan diversos como: La economía política apologética posterior a la escuela clásica (a la que llaman “economía vulgar”). Las corrientes filosóficas superficiales , denominadas “materialismo vulgar” o “vulgar-idealismo”. Las expresiones políticas y democráticas que se quedan en la superficie de los fenómenos , sin llegar a la raíz de las contradicciones (la “democracia vulgar” o el “vulgar liberalismo”). Las apariencias ideológ...

¿Por qué los partidos que se dicen de izquierda no logran captar el voto de sus votantes objetivo?

La dificultad para que los partidos que afirman ser de izquierda conviertan a sus “votantes objetivo” en apoyo electoral efectivo no se entiende como un problema de comunicación aislado ni como una mera cuestión de estrategias de campaña. En términos marxianos, los partidos expresan, de manera más o menos deformada, intereses de fracciones de clase que operan en un campo de fuerzas donde pesan la estructura productiva, la organización real del trabajo, la forma del Estado y la hegemonía cultural que las clases propietarias difunden a través de sus aparatos. Cuando el mundo del trabajo se recompone de forma segmentada, cuando el aparato estatal y las restricciones de la reproducción del capital acotan los márgenes de maniobra, y cuando aquellas izquierdas se profesionalizan y se distancian de los centros vivos de la experiencia obrera y popular, la promesa de representación pierde verosimilitud. La incapacidad para convertir esa promesa en beneficios palpables para quienes viven de un ...