Ir al contenido principal

Crítica al Concepto de "Totalitarismo"


El concepto de “totalitarismo” suele presentarse como una categoría política universal que describe a aquellos regímenes en los que el Estado pretende absorber la totalidad de la vida social, eliminando la autonomía individual y subordinando toda institución a un poder central omnímodo. Fue popularizado sobre todo en la Guerra Fría, con Hannah Arendt y Carl Friedrich como figuras centrales de su teorización, y suele utilizarse para agrupar experiencias históricas tan disímiles como el fascismo, el nazismo y el estalinismo dentro de una misma lógica común, marcada por la supresión de libertades, el control ideológico y la represión sistemática. Bajo esa óptica, el totalitarismo sería el polo opuesto de la democracia liberal, representando una suerte de “mal absoluto” en el que desaparece la pluralidad política y social, sustituida por un único centro de mando que anula toda diferencia.

Sin embargo, el término "totalitarismo" presenta múltiples problemas teóricos y prácticos. Su carácter excesivamente abarcador convierte la categoría en una abstracción que tiende a borrar las diferencias históricas y sociales entre fenómenos políticos de naturaleza distinta. Equiparar el nazismo —un proyecto genocida basado en el racismo biológico, la guerra imperialista y la destrucción de las organizaciones obreras— con el estalinismo —una deformación burocrática de un proceso revolucionario que, sin dejar de ser represivo, se insertaba en la construcción de un modelo económico distinto al capitalismo— no permite comprender sus especificidades ni las condiciones materiales que los hicieron posibles. El resultado es un término que funciona más como arma ideológica que como herramienta de análisis científico, pues coloca en el mismo saco cualquier régimen que no encaje en el molde de la democracia liberal occidental.

Este concepto suele estar cargado de un fuerte sesgo normativo. En lugar de describir objetivamente una forma de dominación política, opera como etiqueta condenatoria que bloquea el estudio de los mecanismos concretos de poder, de las estructuras económicas subyacentes y de las luchas sociales que atraviesan a esos regímenes. Así, la palabra “totalitarismo” funciona como un juicio moral absoluto —“estos regímenes son irracionales, monstruosos, inexplicables”— que evita indagar en la racionalidad histórica de cada experiencia, en sus contradicciones internas y en sus bases sociales. Esa estrategia es funcional al discurso liberal que se presenta a sí mismo como el único horizonte posible de libertad, al tiempo que invisibiliza la violencia estructural de sus propias instituciones.

La categoría encierra una paradoja: se construye sobre la idea de un poder absoluto e ilimitado del Estado sobre la sociedad, cuando en la práctica ningún régimen histórico ha alcanzado semejante grado de control total. Incluso en los casos más represivos siempre subsistieron resistencias, espacios de negociación, fisuras dentro de las élites y contradicciones entre aparatos estatales. La ilusión de un dominio absoluto sirve más a la retórica del enemigo externo que al análisis realista de cómo opera la dominación política. De este modo, lo totalitario acaba describiendo un ideal negativo más que una estructura verificable de poder.

Si se lo observa desde una perspectiva crítica, la utilidad del concepto de totalitarismo es limitada. Permite captar la pretensión discursiva de algunos regímenes de controlar la totalidad de la vida, pero no explica los mecanismos concretos de explotación, represión o movilización social que adoptan formas diversas según el contexto histórico. Al final, la categoría ha sido empleada sobre todo como herramienta ideológica para homologar experiencias incomparables, reducir el campo político a una dicotomía entre democracia liberal y barbarie, y ocultar las propias violencias sistémicas del orden capitalista. Un análisis riguroso requiere abandonar esa etiqueta globalizante y estudiar cada proceso histórico en su especificidad, con sus estructuras económicas, sus actores sociales y sus contradicciones internas.

Comentarios

Entradas Populares

"Nazi-Comunismo", la última vulgaridad intelectual de Axel Kaiser.

El libro “Nazi-Comunismo” de Axel Kaiser se presenta como una operación ideológica bastante transparente: un intento de construir una genealogía común entre nazismo y marxismo que permita inscribir en un mismo paquete a toda forma de socialismo, comunismo, crítica al capital y también, de paso, a cualquier proyecto político que cuestione el orden liberal-capitalista. El índice basta para ver cómo se organiza este movimiento: cada capítulo asocia un rasgo supuestamente común entre nazismo y marxismo (“antirracionalismo”, “antiindividualismo”, “anticapitalismo”, “anticristianismo”, “antihumanismo”) y lo sobredimensiona hasta convertirlo en esencia compartida. El resultado es una narrativa en la que el marxismo pasa a ser un pariente cercano del nazismo, no solo en la práctica histórica sino ya en sus fundamentos filosóficos. Detrás de esta construcción aparece la intención de blindar ideológicamente el liberalismo, identificando a un doble enemigo totalitario que adopta máscaras distinta...

¿Es en realidad de derecha el Partido Comunista de Chile?

La verdad es que sí. La idea de que el Partido Comunista de Chile (PCCh) actúa hoy como un partido de derecha puede sonar paradójica si se la juzga únicamente por su nombre y por su historia de lucha contra la dictadura, pero se vuelve comprensible cuando se analiza su práctica política en el marco del capitalismo chileno contemporáneo. Lo que se observa es que el PCCh ha evolucionado desde una posición de confrontación con el orden burgués hacia una estrategia de integración institucional, donde su papel es sostener la gobernabilidad y apuntalar gobiernos que administran el mismo modelo económico heredado de la dictadura. Esto no significa que haya adoptado el ideario neoliberal de manera entusiasta, sino que ha aceptado operar dentro de sus límites, lo que lo coloca en la práctica del lado de la reproducción del orden existente. El punto de inflexión histórico se encuentra en la transición a la democracia liberal. Tras años de proscripción y represión, el PCCh decidió ab...

Lo “vulgar” según Marx y Engels en sus obras

(En la foto: Axel Kaiser, economista vulgar) Lo “vulgar” según Marx y Engels en sus obras: economía, filosofía, política y crítica de la ideología La palabra “vulgar” y sus derivados — vulgaridad, vulgarización, vulgarismo — aparecen con notable frecuencia en los escritos de Karl Marx y Friedrich Engels. Sin embargo, no se trata de un mero adjetivo despectivo usado para insultar o desacreditar sin más, sino que tiene un sentido teórico y crítico muy concreto. A lo largo de su extensa obra, ambos autores emplean la noción de “vulgar” para calificar fenómenos tan diversos como: La economía política apologética posterior a la escuela clásica (a la que llaman “economía vulgar”). Las corrientes filosóficas superficiales , denominadas “materialismo vulgar” o “vulgar-idealismo”. Las expresiones políticas y democráticas que se quedan en la superficie de los fenómenos , sin llegar a la raíz de las contradicciones (la “democracia vulgar” o el “vulgar liberalismo”). Las apariencias ideológ...

¿Por qué los partidos que se dicen de izquierda no logran captar el voto de sus votantes objetivo?

La dificultad para que los partidos que afirman ser de izquierda conviertan a sus “votantes objetivo” en apoyo electoral efectivo no se entiende como un problema de comunicación aislado ni como una mera cuestión de estrategias de campaña. En términos marxianos, los partidos expresan, de manera más o menos deformada, intereses de fracciones de clase que operan en un campo de fuerzas donde pesan la estructura productiva, la organización real del trabajo, la forma del Estado y la hegemonía cultural que las clases propietarias difunden a través de sus aparatos. Cuando el mundo del trabajo se recompone de forma segmentada, cuando el aparato estatal y las restricciones de la reproducción del capital acotan los márgenes de maniobra, y cuando aquellas izquierdas se profesionalizan y se distancian de los centros vivos de la experiencia obrera y popular, la promesa de representación pierde verosimilitud. La incapacidad para convertir esa promesa en beneficios palpables para quienes viven de un ...

La vulgaridad teórica de Axel Kaiser en "El Economista Callejero"

El libro "El Economista Callejero" de Axel Kaiser constituye un ejemplo paradigmático de lo que Marx llamaba “economía vulgar”: un discurso que toma categorías de la economía, las simplifica al extremo y las utiliza como instrumentos ideológicos destinados a justificar el orden existente y explicar los fenómenos más superficiales de forma ad hoc y contradictoria. Kaiser presenta su texto como una guía “callejera”, de fácil acceso para el lector común, pero la aparente sencillez encubre una operación ideológica que convierte en dogma los lugares comunes del liberalismo y los ofrece como verdades universales. La vulgaridad aquí no se refiere solamente a la falta de rigor académico, sino también al carácter apologético y simplificador con que se abordan problemas que requieren análisis histórico, estructural y crítico. En las primeras lecciones Kaiser establece la idea de que “trabajar es vivir” y que solo existen dos formas de sobrevivencia: mediante el trabajo prop...