En este capítulo, Marx explora el proceso de intercambio de mercancías y el papel fundamental del dinero como equivalente universal. Describe cómo las mercancías, que no pueden intercambiarse por sí mismas, requieren de propietarios que reconozcan mutuamente sus derechos de propiedad para llevar a cabo los intercambios. En este proceso, las mercancías se relacionan entre sí como valores y se valida su valor mediante el acto del intercambio. El capítulo analiza cómo una mercancía particular se convierte en el equivalente universal, es decir, dinero, y cómo este proceso refleja las relaciones sociales subyacentes a la producción capitalista. Marx señala que el dinero cristaliza como la forma socialmente reconocida de valor, permitiendo que las mercancías sean comparadas y evaluadas en términos de trabajo humano abstracto.
El intercambio de mercancías requiere de guardianes (propietarios)
Marx inicia explicando que las mercancías no pueden ir al mercado por sí mismas. Son los propietarios quienes deben intercambiar estas mercancías bajo un acuerdo mutuo, reconociendo sus derechos de propiedad. Esta relación contractual entre los propietarios refleja las relaciones económicas reales, siendo una expresión jurídica de una relación económica subyacente. Aquí, Marx apunta que los propietarios actúan como representantes de las mercancías, y que estas relaciones jurídicas son solo una forma reflejada de las relaciones económicas entre ellos.
Distinción entre valor de uso y valor de cambio
Para el propietario, la mercancía no tiene valor de uso directo, pues su única utilidad radica en ser portadora de valor de cambio. El propietario lleva la mercancía al mercado para obtener otra mercancía que le sea útil. Por tanto, todas las mercancías son no-valores de uso para sus propietarios, pero sí valores de uso para otros. Esta contradicción se resuelve a través del intercambio, donde las mercancías se validan como valores antes de ser utilizadas como valores de uso.
El carácter social del intercambio
Marx destaca la naturaleza dual del intercambio. Para el propietario de la mercancía, el intercambio es, por un lado, un acto privado (en la medida en que busca satisfacer necesidades personales), pero también es un acto social, ya que implica que su mercancía se valoriza al compararse con otras en términos generales. Esta ambivalencia muestra la contradicción inherente al intercambio, donde lo privado y lo social se entrelazan de manera conflictiva.
El surgimiento del dinero como equivalente universal
Para que las mercancías se intercambien como valores, necesitan un referente común que permita la comparación. Este referente común es el dinero. El proceso social selecciona una mercancía particular, que al volverse el equivalente universal, asume la función de dinero. Este proceso de selección y cristalización del dinero es una consecuencia inevitable del intercambio y responde a la necesidad de un medio para expresar el valor de todas las demás mercancías.
El desarrollo histórico del dinero
Marx muestra que el dinero no es un producto natural, sino que surge como una forma social histórica a medida que las relaciones de intercambio se vuelven más complejas. Al principio, el trueque directo satisface necesidades inmediatas, pero a medida que el comercio se desarrolla, surge la necesidad de un equivalente general que permita la comparación de todas las mercancías. El dinero surge en este contexto como una cristalización de valor, cuya forma material más adecuada, en términos históricos, han sido los metales preciosos como el oro y la plata debido a sus características físicas que facilitan su uso como dinero.
La función del dinero y la mistificación del valor
}En este proceso, el dinero adquiere un valor dual: en el uso como mercancía (por ejemplo, oro usado en joyería) y en su cambio como portador de valor. Marx critica las ideas que ven el dinero simplemente como un símbolo o una ficción. El dinero, aunque aparentemente es una mera representación del valor, es un reflejo material de las relaciones de trabajo humano objetivado. El fetichismo del dinero reside en que parece que su valor proviene de su propia naturaleza física, cuando en realidad es una expresión de las relaciones sociales de producción.
El carácter alienante del dinero
Al explicar el rol del dinero, Marx concluye que su existencia y función no son inherentemente naturales, sino que son el resultado de un proceso social. En las sociedades capitalistas, el dinero aparece como un fenómeno autónomo, como si tuviera vida propia, lo que refleja el carácter alienado de las relaciones de producción en el capitalismo. Esta alienación se expresa en el hecho de que las relaciones entre personas se manifiestan como relaciones entre cosas, y el dinero encapsula este proceso.
Conclusión
Marx en este capítulo describe cómo el
intercambio de mercancías refleja y a la vez enmascara las relaciones sociales
de producción bajo el capitalismo. A medida que las mercancías adquieren una
forma de valor abstracto, el dinero emerge como el equivalente universal que
permite la comparación de valores y facilita el intercambio. Este proceso es
fundamental para el funcionamiento de la economía capitalista, ya que el dinero
cristaliza las relaciones sociales en una forma fetichizada que parece tener un
poder autónomo. Así, el análisis de Marx muestra cómo las dinámicas del
intercambio, el valor y el dinero están profundamente entrelazadas con las
estructuras de poder y alienación propias del capitalismo.
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