Engels comienza señalando que la oposición entre el bien y el mal se manifiesta exclusivamente en el ámbito de la moral, que pertenece a la historia de la humanidad. Además, enfatiza que las verdades finales y últimas son escasas en este campo. Esto sugiere que la moralidad no es una entidad inmutable, sino más bien un fenómeno en constante evolución que se desarrolla a lo largo de la historia.
El autor aborda la variabilidad de las concepciones de bien y mal en diferentes culturas y épocas, lo que refleja la relatividad de estos conceptos. Engels sostiene que si la moralidad fuera un asunto simple y estático, no habría disputa sobre lo que es bueno y malo. Sin embargo, señala que existen múltiples sistemas morales coexistentes en la sociedad, incluida la moralidad cristiano-feudal, la moralidad burguesa moderna y la moralidad proletaria del futuro.
Engels argumenta que estas diferentes morales están intrínsecamente relacionadas con las posiciones de clase en la sociedad. Sostiene que las ideas éticas de las personas, consciente o inconscientemente, se derivan de las relaciones prácticas en las que se basa su posición de clase, específicamente las relaciones económicas de producción e intercambio. Esto refleja un aspecto fundamental de la teoría marxista, que postula que el edificio ideológico de la sociedad está determinado fundamentalmente por su base material y económica.
El autor también enfatiza que, a pesar de las diferencias, las tres teorías morales mencionadas comparten ciertos elementos debido a su fondo histórico común y a las etapas similares de desarrollo económico. Engels menciona el ejemplo de la prohibición del robo en sociedades con propiedad privada, lo cual refleja cómo ciertos principios morales pueden surgir en contextos específicos pero no necesariamente se mantienen como "verdades eternas".
Engels rechaza la noción de que exista un dogma moral absoluto y eterno, independiente de las condiciones históricas y sociales. Argumenta que todas las teorías morales hasta el momento han sido productos de las condiciones económicas de la sociedad en ese momento y han servido para justificar o cuestionar el dominio de las clases gobernantes. En este sentido, Engels plantea que la moralidad siempre ha sido una moral de clase.
Finalmente, Engels plantea la posibilidad de una moralidad verdaderamente humana que trascienda las contradicciones de clase y que solo sea posible en una sociedad sin clases que haya superado las divisiones y las diferencias de clase en la práctica. Hace hincapié en que, hasta ahora, no se ha alcanzado esta etapa y critica la pretensión de Dühring de imponer una moral eterna a una sociedad futura en la que las condiciones de clase aún son relevantes.
En resumen, el análisis de Engels sobre la moralidad desde una perspectiva marxista resalta la influencia de las condiciones económicas y sociales en la formación de la moral, y cuestiona la idea de una moral absoluta e inmutable. Engels argumenta que la moralidad es una construcción histórica que refleja las luchas de clases y que solo en una sociedad sin clases podría surgir una moral verdaderamente humana y universal.

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